CAPÍTULO IV - ANTROPOLOGIAS Y OTRAS CIENCIAS SOCIALES

El recorte del objeto entre las Ciencias Sociales

La Antropología Sociocultural fue recortando y constituyendo su objeto en un período que va desde mediados del siglo XIX hasta un poco después de la mitad del siglo XX. Durante ese período, fue seleccionando como objeto de estudio al conjunto de sistemas socioculturales diferenciados en el interior de la sociedad mayor antes descriptos. Pero recordemos que el paradigma clásico seleccionó como su objeto privilegiado a los primitivos, ubicándolos además afuera de la sociedad compleja contemporánea.

Desde mi punto de vista, el objeto propio de la Antropología Sociocultural está constituido por: (a) la estructura, el funcionamiento y las transformaciones internas de los sistemas socioculturales locales; (b) las relaciones mutuas entre los sistemas locales, uno de cuyos tipos son las relaciones interétnicas; y (c) las relaciones que estos sistemas socioculturales locales tienen con las instituciones superordinadas o dominantes de la sociedad compleja mayor[1]. En este recorte del objeto de la Antropología Sociocultural aparece un tema, el de las instituciones superordinadas, aparentemente superpuesto con los objetos de otras Ciencias Sociales, fundamentalmente la Sociología, la Economía Política, y las Ciencias Políticas, que han tendido a centrar sus intereses en nuestra propia sociedad; y, especialmente -aunque no siempre-, en los aspectos de la sociedad contemporánea más ligados a la superordinación. Así, la Sociología se concentra en el estudio de estructuras sociales, roles, status, clases sociales, desde el punto de vista de las formaciones dominantes, aunque algunas corrientes en Sociología incluyen aspectos propios de la Antropología Cultural. Por ejemplo, para la escuela sociológica francesa, la Etnología ‑como ellos llaman generalmente a la Antropología Cultural‑, forma parte de la Sociología. La escuela sociológica de Chicago ha realizado importantes desarrollo en el estudio de grupos marginales urbanos.

Pero este interés central en las instituciones superordinadas es especialmente evidente en la Economía y la Politología o Ciencia Política. Así, la Economía Política se ocupa fundamentalmente de las estructuras económicas dominantes, la economía de mercado, y, dentro de ésta, la economía formal. La llamada economía informal, es decir, los procesos de producción y circulación de bienes no organizados empresarialmente, no forma parte de los intereses habituales y fundamentales de la Economía Política. El trabajo de las mujeres, niños -y cada vez más hombres- organizado desde su casa, que constituye un porcentaje muy alto del producto bruto interno real de cualquier sociedad, especialmente de las menos industrializadas, a las que no llegaron masivamente el freezer y las microondas, no forma parte de las mediciones habitualmente usadas por la Economía Política. Tampoco forma parte de sus intereses habituales la producción para el autoconsumo de los campesinos y otros grupos, así como el intercambio de bienes entre grupos campesinos e indígenas. De modo que si consideramos exclusivamente las estadísticas del PBI por habitante construidas según la metodología convencional de la economía política, un porcentaje muy alto de los ingresos de la mayor parte de la población del mundo no aparece.

Por su parte, la Ciencia Política, o Politología, se ocupa de los sistemas de poder característicos de las instituciones de los Estados‑Nación contemporáneos y de las formaciones políticas supranacionales, tales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Unión Europea (UE), Mercosur y muchas otras más. En cambio, no constituyen parte del objeto recortado por las versiones convencionales de la Politología, temas como las relaciones de poder en un grupo tribal, en una aldea campesina, en el interior de un barrio urbano, en una familia o en aula universitaria. Muchas veces, la Ciencia Política no se ocupa ni siquiera de las relaciones de poder que vinculan a esos sistemas socioculturales locales con las instituciones políticas dominantes de la sociedad mayor.

De hecho, todas las Ciencias Sociales, excepto la Antropología Sociocultural, se ocupan fundamentalmente del sistema sociocultural complejo a partir de las instituciones superordinadas, poniendo su mayor o exclusiva atención en dichas instituciones. Esto se hace muy evidente al analizar las especialidades de la Sociología. Así, la Sociología del Trabajo, generalmente se ocupa del trabajo en el interior de las empresas: las relaciones entre los empresarios y los trabajadores, entre distintos grupos de trabajadores, o entre trabajadores individuales, pero todo ello desde el punto de vista de la Empresa. La Sociología de la Educación raramente se ha ocupado de cómo los padres educan a sus hijos y del funcionamiento de los procesos de enseñanza-aprendizaje en el interior de las comunidades, sino de cómo funciona el proceso educativo en el interior de las instituciones educativas en el marco de la regulación estatal. De hecho, el reciente y creciente interés despertado en las Ciencias de la Educación por las prácticas populares de educación y por los aspectos no formales de los sistemas educativos, se debe en gran parte a la influencia de los métodos y perspectivas de la antropología sociocultural.

Una disciplina que a veces se incluye y otras no dentro de las Ciencias Sociales es la Historia. La tendencia contemporánea es considerarla como una Ciencia Social, cuyo objeto está constituido por los procesos sociales a través del tiempo. En cualquier caso, el discurso dominante en la Historia es fuertemente etnocéntrico. Para usar un ejemplo corriente, nos dice que en el año 1492 América fue descubierta. Este tipo de discurso pone en evidencia un hecho sencillo: que la Historia fue escrita por los europeos y sus continuadores en el dominio del mundo. Más aún, está escrita desde la perspectiva de las instituciones dominantes, dentro de la cual y desde su punto de vista América fue "descubierta", puesto que para los sistemas socioculturales dominantes en la Europa del siglo XV América no poseía existencia práctica: el no conocerla significaba que entre ella y Europa no circulaban ni bienes materiales ni simbólicos, algo que sí sucedía con Asia. La Historia, como la Antropología Sociocultural es un discurso social construido desde las instituciones dominantes de la sociedad compleja mayor.

Desde este punto de vista, la Historia puede ser ubicada, junto con la Sociología, la Economía Política y la Politología, en el campo de las Ciencias Sociales que estudian principalmente a nuestra sociedad, y a la Antropología Sociocultural como la ciencia social que se ocupa de los otros. En ese cuadro, las otras Ciencias Sociales en general trabajan sobre la realidad social como si la diversidad cultural tuviera escasa relevancia para la explicación. En cambio, para la Antropología Sociocultural la diversidad es especialmente relevante y se ubica en el centro de la explicación.


Subdisciplinas de la Antropología Sociocultural

Existe una cantidad de nombres para designar subdisciplinas dentro de la Antropología Sociocultural. Algunas de las diferencias de nomenclatura, como el uso preferente de las denominaciones Antropología Social y Antropología Cultural, respectivamente en Gran Bretaña y en EEUU, se deben en gran parte a la presencia de distintas tradiciones académicas nacionales. Otras diferencias en las designaciones se deben a características del recorte o sub-recorte del objeto, como cuando se habla de Antropología Económica o de Antropología Política. Aunque desde mi punto de vista, estas subdivisiones tienen escasa o nula relevancia desde una perspectiva epistemológica, dedicaré algunos párrafos a discutir algunas de las principales denominaciones, para facilitar a los lectores el abordaje a otros textos.

Antropología Cultural es uno de los términos más englobadores porque muchas veces, cuando se habla de Antropología Cultural se incluye también a la Prehistoria. Aquí es necesaria una disgresión. Prehistoria literalmente significa antes de la Historia: esto indica que la Prehistoria se ocupa del devenir en el tiempo de las sociedades que existieron antes de la Historia. El problema es establecer qué sociedades tienen una verdadera Historia. Convencionalmente, se considera sociedades históricas a las que dejan un testimonio escrito acerca de sí mismas y de otras sociedades, incluyendo casos tales como Sumer, China, Egipto, Grecia y Roma. Así, se suele dar mayor importancia en la enseñanza de la Historia al devenir de las sociedades ligadas a la tradición del Mediterráneo que al de las sociedades americanas preeuropeas. A los pueblos sin escritura o con registros de datos muy diferentes a lo que convencionalmente llamamos escritura, se los separa del tronco histórico. Como no consideramos escritura a los quipus incaicos, a las pictografías, y, en general, a todos los demás restos de estructuras materiales construidas en el pasado con finalidades intencionales de almacenamiento y transmisión de información, entonces no consideramos históricos a los sistemas socioculturales que dejaron esos restos. Por eso, en su definición académica occidental, la historia es el estudio del devenir que se ha producido en sociedades con escritura, tal como ésta es definida por Occidente: los demás, o están afuera y toman contactos tardíos y/o esporádicos ‑son sociedades etnográficas, o están antes ‑son sociedades prehistóricas‑.

Esta delimitación del objeto de la Historia y de la Prehistoria genera importantes problemas interpretativos. Por ejemplo, el Tawantinsuyo o Imperio Inca, es representado antes de la Historia, o sea en la Prehistoria, cuando en realidad se trataba de una civilización contemporánea a las del Viejo Mundo, algo que empieza a ser reconocido por la Historia. Por ejemplo, Arnold Toynbee (1967), dice que en el siglo XV, coexistían varias civilizaciones que estaban en competencia, una de las cuales era la europea occidental; pero, además, estaban el Islam, India, China, los Aztecas, los Mayas ‑que estaban ya en decadencia‑, y los Incas. Tres de esas civilizaciones que participaban de la competencia mundial, y por lo tanto, de la Historia, eran americanas y no poseían escritura. Pero Toynbee es bastante excepcional, aún cuando actualmente ya hay una cantidad de gente que trabaja en la Historia desde una perspectiva de diversidad sociocultural y menos etnocéntrica.

Así como hay un conflicto paradigmático en el interior de la Antropología Social, también lo hay en el interior de las demás Ciencias Sociales. En la Ciencia Política, por ejemplo, existe la discusión acerca de si las sociedades sin Estado tienen un sistema político o no, una discusión en la que participan también la Prehistoria, la Historia y la Antropología Cultural; esta discusión se puede resumir en la pregunta "qué es civilización?". Actualmente, tiende a afirmarse la idea de que una civilización es un sistema sociocultural complejo, es decir, un sistema sociocultural donde hay un Estado y un conjunto de instituciones asociadas al Estado. La demarcación entre sistemas socioculturales simples y complejos es el nivel sistémico de complejidad en el cual existe un Estado ‑y, eventualmente, instituciones económicas e ideológicas centralizadas‑ y no la posesión de escritura (Service 1975). Para la Politología clásica existe política en todo tipo de sociedad con Estado; pero habitualmente desconoce la existencia de política sin Estado; así como para la Historia clásica, ésta es la de las Civilizaciones, que son los sistemas socioculturales con escritura. Mientras que la Arqueología clásica -y de ahí su casi sinónimo Prehistoria- entendía corrientemente a su objeto como las sociedades del pasado anteriores a la historia -antes de la escritura- o que nunca la tuvieron. La antropología sociocultural, por su parte, asume corrientemente que hay política, es decir, relaciones de poder, en el interior de toda sociedad, sea ésta compleja o simple. Los sistemas socioculturales locales estudiados por la Antropología no poseen Estado, el cual forma parte del conjunto de instituciones superordinadas dentro de la sociedad mayor. Para la antropología sociocultural hay entonces una política estatal, la de los sistemas socioculturales complejos, y una política no estatal, la de los sistemas simples o locales.

La perspectiva clásica de la antropología sociocultural se interesa solamente por los sistemas socioculturales simples contemporáneas. Pero también suele abarcar a la Prehistoria, en el sentido -también clásico- arriba mencionado. Uno de los resultados interesantes -y postclásicos- de la vinculación entre Prehistoria y Antropología de las sociedades contemporáneas, es una nueva discusión teórica sobre las características y orígenes del Estado. Las disciplinas de las Ciencias Sociales, que en su período clásico habían delimitado celosamente sus objetos, empiezan a compartirlos -aunque no sin conflictos-. Por ejemplo, el Estado Inca, es estudiado por historiadores y arqueólogos, mientras que los campesinos contemporáneos de la región, antes exclusividad de los antropólogos, son requeridos ahora por los arqueólogos como fuente de inspiración etnoarqueológica de hipótesis, y por los historiadores como transmisores de relatos orales sobre el pasado que luego usarán, combinándolos con la información proveniente de documentos.

Actualmente se están produciendo, entonces, crecientes superposiciones entre los objetos de las diferentes Ciencias Sociales. De ese modo, considerar al objeto de la Antropología Sociocultural como el producto de un recorte estricto, puede ser uno de los rasgos que permiten caracterizar su paradigma clásico -y el de las otras ciencias sociales-. Por el contrario, los nuevos paradigmas que emergen, no sólo en las Ciencias Sociales sino en el conjunto de los campos de conocimiento científico -y, probablemente ‑y, aparentemente, en el conjunto de todos los campos de conocimiento-, ya no construyen sus objetos recortándolos tajantemente de los de las demás ciencias (Fig. 2). En los nuevos paradigmas, los objetos y los campos de las ciencias se intersectan y lo hacen cada vez más a medida que estos paradigmas se van consolidando (Fig. 5), es decir, empiezan a compartir objetos, modelos y métodos, y esto sucedería no sólo entre las ciencias sociales, sino también con otras ciencias y otras formas de conocimiento. Y las zonas de intersección, de interfase, como todo borderland cultural, funcionarían como zonas de especial riqueza creativa e interpretativa, como el ámbito intercultural donde el judío, los árabes y los oficiales franceses dirimían sus respectivos sistemas interpretativos en el fundante trabajo de Geertz ( ) sobre Marruecos.

Pero volvamos ahora a los problemas de terminología. El término Antropología Social suele usarse en un sentido más restringido que el de Antropología Cultural, excluyendo a la Prehistoria. Antropología Social es una denominación que se usa habitualmente en Inglaterra, muchas veces en Francia ‑donde se emplea como sinónimo de Etnología‑ y en algunos lugares de los Estados Unidos; pero en este último país, generalmente se restringe a los estudios antropológicos más vinculados con la Sociología. En general, se suele hablar de Antropología Social en los Estados Unidos, para un campo que abarca Antropología Urbana, estudios sobre minorías étnicas -o grupos étnicos subordinados- y, eventualmente, cambio social. Por eso, en muchas universidades norteamericanas existe un Departamento que abarca Antropología Social y Sociología[2]. En cambio, cuando se habla de Antropología Social en Europa, generalmente se designa lo que en Estados Unidos se denomina Antropología Cultural, pero excluyendo siempre a la Prehistoria, y corrientemente dando mayor énfasis a los aspectos de organización y estructura social que a los de cultura -material o mental-; que han recibido mayor atención por parte de la tradición norteamericana.

Veamos ahora otros dos términos etimológicamente emparentados: Etnología y Etnografía. En sentido clásico, Etnografía es la descripción; comprende las etapas de observar y registrar por escrito, grabando, fotografiando o filmando la información. También desde la perspectiva clásica, la Etnografía ha tratado de los grupos a los que se ha llamado primitivos; pero más recientemente la palabra Etnografía ha comenzado a ser usada para todo tipo de descripción de sistemas socioculturales. Y así, ya existe una Etnografía del Hospital, y una Etnografía de la Escuela. En este caso, la palabra etnografía está siendo aplicada al uso de métodos antropológicos para el estudio de cualquier hecho social. Cuando se utiliza como denominador de un subcampo específico de la antropología sociocultural, el término es restringido al estudio de grupos étnicos, de sistemas socioculturales simples a los cuales se supone relativamente aislados y poco influenciados por las instituciones dominantes. Precisamente, a causa de la crisis del paradigma clásico y de la emergencia de un nuevo paradigma en antropología sociocultural, dicha connotación es cada vez menos frecuente, aunque todavía se conserva en algunos medios académicos y, especialmente, extra-académicos.

La palabra Etnología se ha reservado clásicamente para los estudios comparativos. Dados varios sistemas socioculturales, cuando se los compara y se trata de elaborar modelos explicativos acerca de los fenómenos socioculturales sobre la base de esa comparación, se está haciendo Etnología. Pero también se hace Etnología cuando se compara aspectos en particular de la sociedad y la cultura. Aparece entonces lo que, más recientemente, se ha denominando Etnología -o Antropología- Sistemática, dentro de la cual se incluye dos o tres subcampos. En primer lugar, la Etnología o Antropología de los sistemas sociales y de parentesco, que habitualmente incluye también a las relaciones políticas y que a veces incluye también las relaciones económicas, aunque otras veces se constituye a estas en objeto de una disciplina separada, la Etnología o Antropología Económica. El segundo campo sistemático es el de la Etnología o Antropología Cognitiva y Simbólica, que se ocupa de los aspectos más informáticos de la cultura: cómo los miembros de distintos grupos construyen percepciones, representaciones y símbolos.

Un campo tempranamente aparecido dentro de la Antropología Sociocultural es el del Folklore. Folklore deriva de dos palabras: folk, pueblo y lore, saber. Etimológicamente, Folklore es el saber del pueblo; más precisamente, el saber de un grupo de gente que habita en un territorio, o que comparte ciertas características. Cuando aparece el Folklore en el siglo pasado, incluía fundamentalmente fenómenos tales como los cuentos, las leyendas y los relatos, es decir, la llamada literatura oral. En general, se aplicó también al estudio de las ideas, creencias y explicaciones populares. Con el tiempo, la palabra Folklore amplió un poco su campo de significación. En la década de 1930, apareció un nuevo concepto, acuñado por Redfield (1947, 1953), el de Sociedad y Cultura Folk. Este se refiere al estudio de los sistemas socioculturales portadores de saber folklórico, con lo cual se generó un poco de confusión dentro de la Antropología Sociocultural. De hecho, este término ha tendido a desaparecer en la Antropología, siendo sustituido por Antropología del campesinado, o por términos semejantes como Culturas Campesinas, porque el objeto que estaba estudiando la escuela de Sociedad y Cultura Folk era fundamentalmente lo que se está denominando actualmente sociedades y culturas campesinas.


Antropologías especiales

Durante los últimos años, ha aparecido un grupo de Antropologías que a veces suelen ser englobadas en los centros de investigación con el nombre genérico y un poco vago de Antropologías especiales. Suele incluirse en éstas a la Antropología Económica, a la Antropología Social en un sentido muy restringido ‑a veces en el sentido norteamericano, a veces en el sentido de estudio de los sistemas sociales y de parentesco‑ a la Antropología Política, a la Antropología Cognitiva y Simbólica. [UO4]

También se habla de Antropología Urbana y de Antropología Rural como campos diferenciados, y en esto a veces se entra en franco conflicto con la Sociología. Por ejemplo, mucha gente que hace Antropología Rural estudia las relaciones y articulaciones sociales entre asalariados rurales y propietarios de hacienda y estancia, un tema típico de la Sociología Rural; por su parte, algunos antropólogos urbanos se dedican a estudiar las interacciones sociales en el interior de fábricas y de otros ambientes laborales urbanos, un tema habitualmente enfocado por la Sociología Urbana y la Sociología del Trabajo.

Otra subdisciplina establecida recientemente es la Antropología Ecológica, que se propone estudiar cómo distintos sistemas socioculturales establecen lazos adaptativos con su entorno, con su ambiente; por eso se la llama a veces Antropología Ambiental. Esta disciplina está ligada al concepto de ambiente, cuyas implicancias antropológicas discutí en un trabajo de hace dos décadas (Rabey 1982). Cuando se lo utiliza en forma muy general, suele denominarse ambiente a lo que está fuera del sistema considerado. Pero en el enfoque de sistemas, la definición de ambiente se ha refinado. Uno de los más importantes teóricos de la noción de ambiente es el ecólogo argentino Gallopin ( ), de quién he tomado las categorizaciones. Ambiente es un conjunto seleccionado de componentes exteriores al sistema considerado, que son importantes para la estructura, el funcionamiento y la dinámica de ese sistema. Estructura es el conjunto de partes que compone el sistema. Función y funcionamiento se refieren a las relaciones entre las partes. La dinámica de sistema incluye los cambios en la estructura y el funcionamiento del sistema a lo largo del tiempo. Entonces, todo sistema tiene su ambiente. Por ejemplo, si consideramos la sociedad de los pastores de camélidos y ovejas de las punas de los Andes Centrales, en su ambiente tenemos distintos tipos de pastos, las fluctuaciones climáticas a lo largo del año, entre las cuales es crucial la diferenciación tajante entre una breve estación húmeda y una larga estación seca, así como la existencia de empresas mineras y de redes de acopio de lana. Entonces, el ambiente tiene componentes naturales, sociales y culturales. Para la organización de los pastores de puna también es importante la existencia de los agricultores de los valles intermedios -como la Quebrada de Humahuaca-, con los que intercambian productos; entonces dentro del ambiente de la puna están los agricultores de los valles; en cambio, no están los pobladores de las llanuras del Chaco, con los cuales no mantienen relaciones significativas.

Durante las últimas dos décadas han tenido un potente desarrollo dos subdisciplinas de la antropología sociocultural general que se han definido por el recorte de un objeto que es un tipo de actividad humana. Ellas son la Antropología Médica y la Antropología de la Educación. Uno de los aspectos interesantes que comparten ambas es que su objeto cruza de una manera franca la frontera del extrañamiento. Por ejemplo, la antropología médica se ha interesado crecientemente por el estudio de los sistemas de representaciones sociales acerca de la salud y la enfermedad, tanto en las instituciones médicas dominantes -el modelo médico hegemónico, en términos del antropólogo argentino Eduardo Menéndez ( )-, como en los sistemas socioculturales locales más diversos -la medicina popular-. En éste último subcampo, se han producido grandes cambios en las últimas décadas. Por ejemplo, si se compara la obra de conjunto sobre medicina indígena y popular en el Noroeste argentino de Palma ( ) y el trabajo más puntual y reciente de Platas y Rabey (1990) sobre un modelo teórico popular en una localidad cercana a Salta[UO5] .

Para finalizar este tema, mencionaré un campo de la Antropología al que considero como parte de un continuo dentro de la Antropología Sociocultural general, que es la Antropología Aplicada. En el Capítulo I, señalé que la Antropología Básica, la Antropología Aplicada y también los desarrollos experimentales de técnicas, procesos y sistemas sociales, derivados de la Antropología Aplicada, forman parte de un continuo dentro de la Antropología Sociocultural. Pero a veces se la menciona como una antropología especial, como un campo separado. Ya he mencionado que tuvo gran importancia en los Estados Unidos hacia 1950/60; en esa época se creó una revista especializada, Applied Anthropology, luego Human Organization. La Antropología Aplicada se propuso, partiendo de conocimientos de la Antropología Sociocultural básica, generar soluciones para los problemas de los sistemas socioculturales locales.

En el análisis de la confrontación entre un paradigma clásico y un paradigma alternativo en emergencia, la Antropología Aplicada constituye una importante arena. De acuerdo con un análisis que elaboré con Rodolfo Merlino (Merlino y Rabey 1981), en el paradigma clásico las soluciones para los grupos socioculturales locales son diseñadas exclusivamente a partir de la asociación de antropólogos y otros especialistas del núcleo de instituciones dominantes, que utilizan como insumo casi excluyente técnicas, procedimientos, y otros conocimientos generados por la el sistema científico-tecnológico occidental. En esa actividad, los antropólogos se asocian con ingenieros agrónomos, arquitectos, economistas, funcionarios públicos, misioneros.

Un interesante ejemplo de Antropología Aplicada del paradigma clásico, es la asociación entre antropólogos y otros científicos sociales con misioneros en el Instituto Lingüístico de Verano (ILV), que ha utilizado sistemáticamente el conocimiento científico de las lenguas nativas para la acción misional de ciertas Iglesias. Lo notable es que el trabajo del ILV ha generado muchos avances en la ciencia básica lingüística en los últimos treinta años. Provee un importante caso para comprender que se puede estar produciendo ciencia básica "verdadera" y, al mismo tiempo, atacando los derechos de un grupo: esto constituía, a mi modo de ver, una consecuencia de la forma peculiar en que produce conocimientos el paradigma clásico de la antropología -y de las restantes ciencias-. Y también una consecuencia del hecho que ciencia básica, ciencia aplicada y desarrollos experimentales forman un continuo, un hecho que habría tendido a ser ocultado por los paradigmas clásicos y puesto en evidencia por los paradigmas alternativos. En este caso, primero empezó el ILV utilizando sus conocimientos básicos de lingüística para el descubrimiento de las estructuras fundamentales de las lenguas aborígenes, no solamente para la traducción, sino para comprender el sentido profundo que tiene el discurso indígena, para penetrarlo y facilitar la evangelización -es decir, la conversión religiosa y cultural planificadas-. Pero, por otra parte, de esta Antropología Lingüística Aplicada, emerge una cantidad de conocimientos que se incorporan al tronco básico de la Lingüística. Veremos más adelante cómo, en el marco del nuevo paradigma de la Antropología Sociocultural, no es en la asociación entre antropólogos y otros especialistas de las instituciones superordinadas donde se determina cuáles son las necesidades de los grupos locales y sus soluciones. Por el contrario, son los grupos locales los que definen sus necesidades; y los profesionales, técnicos y funcionarios deben asociarse a las poblaciones locales en la elaboración de soluciones a sus problemas (Merlino y Rabey 1981, Rabey y González 1985).


[1] Ver nota 5.
[2] Esta delimitación restringida del campo de la antropología social ha sido adoptada por muchos antropólogos en Argentina, pero no ha pasado lo mismo con la organización de Departamentos que incluyan Sociología y Antropología Social.

Datos personales

Mi foto
El menor de los cuatro hijos de Benito Rabey y Dora Loyber, nací el 2 de abril de 1949. Trabajé desde los 16 años: asistente en un estudio jurídico (1966-1967), gerente de un grupo de industrias culturales –Manal, Mandioca, Mano Editora, Mambo Show- (1968-1970); artesano (1971-1972). Estudié Antropología en la Universidad de Buenos Aires (1972-1976); he sido docente e investigador universitario -desde ayudante de segunda hasta profesor titular, en diversas Universidades de Argentina y del extranjero, profesor de cursos de postgrado sobre ecología humana, evolución, multiculturalismo y estudios latinoamericanos, investigador científico , consultor en proyectos de organizaciones internacionales, nacionales, empresariales y sin fines de lucro. Formación Postdoctoral: Universidad de Texas en Austin - Comisión Fulbright (1990). Padre de cinco hijos: Pablo (34), Eva (32), Adriana (28), Lucía (26) y Nahuel (12).